Relato del robo en #sasfapr

Ángel, uno de nuestros auxiliares, comparte contigo su experiencia sobre el robo ocurrido ayer en el SASFA:
Eran las 7:00 de la mañana de ayer, martes. Llegué a SASFA (Santuario de Animales San Francisco de Asís), me paré en el carro frente al portón y lo primero que vi fue que las cadenas que había puesto el lunes no estaban. Pensé, “qué m….da,  alguien se metió”. Me bajé del carro y, desde afuera, miré hacia el interior del Santuario. Las puertas del lobby y la del segundo piso estaban abiertas. “Ojalá no le hayan hecho nada a los animales”, dije, y llamé al 9-1-1. En el 9-1-1 tomaron la información, pero no me indicaron si enviarían a alguien.

 

No me sentía seguro porque no sabía si las personas todavía estaban ahí, y yo estaba solo. Llamé a un colega que se había excusado porque había salido a las 5:00 de la madrugada de su otro trabajo. Lo llamé y le dije “brother, sé que estás cansado, pero se metieron en SASFA y yo necesito que estés aquí para entrar los dos juntos, para que por lo menos uno pueda gritar y salir corriendo”. No lo pensó dos veces y me pidió que lo buscara. 
De camino a buscarlo, llamé a una compañera y le pedí que pasara por el Cuartel de la Policía de Cabo Rojo para que hablara con un supervisor, pues ayer habíamos pedido ayuda para otra situación de seguridad y no fueron. Le dije que cuando llegara a SASFA se parqueara en medio del camino y que no entrara. Cuando nosotros llegamos al Santuario, ya ella estaba allí con una de las voluntarias. Entre los cuatro, nos armamos de valor y entramos juntos a ver cómo estaban los animales.
Lo primero que hicimos fue verificar que en las jaulas de afuera los perritos estuvieran bien, y lo estaban. Seguimos caminando juntos y entramos al lobby. Los ladrones se llevaron demasiadas cosas. Sentí impotencia y derrota pues habíamos logrado muchas cosas esta semana.  César Millán, el encantador de perros, nos visitó y nos enseñó muchos trucos, y celebramos un compartir navideño entre los compañeros del Santuario. Estábamos en un momento bien lindo y de repente pasa esto y sientes una decepción grande con el universo por permitirlo.
Todavía alertas, fuimos al área de los puppies, y vimos que por lo menos ese candado estaba cerrado. No se metieron ahí. Rápido subimos a verificar que los otros animales estuvieran bien y vimos que todo estaba intacto. Nos embargó una sensación de alivio total.  Esas personas se llevaron cosas, pero no destruyeron la vida. Porque, a fin de cuentas, los pillos se podían llevar toda la comida, hasta los bloques de las paredes, pero no le hicieron daño a los animales y eso para nosotros es lo importante.

 

Bajamos juntos y nos sentamos afuera, frente al edificio, a darnos apoyo, a desahogarnos y a esperar la ayuda de la Policía. Pero pasó el tiempo y no vimos movimiento, así que empezamos a llamar a todos nuestros conocidos a ver si alguien tenía contacto con alguien en la Policía y nos ayudaba. Queríamos estar seguros de que en esta ocasión llegaran. 
Mientras esperábamos sentados en el patio, vi que en el tapón frente a SASFA había una patrulla. Salí corriendo y los detuve. Les dije “mira, necesitamos su ayuda, alguien escaló, alguien se metió al Santuario. Llamamos y fuimos al Cuartel, pero no ha venido nadie”. El agente me dijo que tenía que ir primero a otro lugar a atender una situación y que regresaría. “No vuelven”, pensé, porque eso lo he escuchado antes demasiadas veces. Pero poco después regresó. Con mucha diligencia, el Agente Morales tomó la información y llamó a otros oficiales para que nos vinieran a ayudar. Es que los pillos se llevan cosas materiales, pero lo más que vale que se llevan es la sensación de seguridad.  
Cuando los agentes se fueron, nosotros seguimos trabajando porque los animales tienen que comer, tienen que recibir sus medicamentos y tienen que sentirse queridos. Hay cosas que por más preocupado que uno esté no puede obviar, no puede dejar de hacerlas porque ellos dependen de nosotros, y nosotros, hasta cierto punto, dependemos de ellos. De su cariño, de sus miradas felices, de sus meneítos de cosa y de sus hermosas muestras diarias de agradecimiento. Es por ellos que vencemos los miedos, 

enfrentamos los obstáculos, nos apoyamos entre nosotros, nos desahogamos, pedimos ayuda y seguimos trabajando.