Ámbar y Yadira: el miedo que sucumbió ante el amor

Ámbar llegó a Sasfapr en agosto. Personas sin corazón la lanzaron por encima de la verja, lastimándole una de sus patitas traseras. Estaba asustada, adolorida y muy nerviosa; sin entender por qué ya no se encontraba en su casa, junto a las personas que había aprendido a amar.

El miedo de Ámbar era tanto que les tiraba a morder a todos los que intentaban acercarse para ayudarla. Cuando llegué al Sasfapr, todos los colegas me lo advirtieron, pero tan pronto la vi, sentí una corazonada, y sin pensarlo dos veces me le acerqué, la tomé en mis brazos y la acurruqué cerca de mi corazón. Y mientras me gruñía de miedo, le prometí al oído que de ahora en adelante estaría segura, que tendría comida todos los días y que volvería a sentir amor.

Ámbar es una nena de aproximadamente 8 años que tiene un pequeño soplo en el corazón, que disfruta pasear, comer salchichas y que la carguen al hombro como si fuera un bebé. Ella me enseñó que la paciencia trae las mejores recompensas, y que el trauma del abandono cala hondo en los peluditos.

La comprensión y el cariño hicieron que los temblores de miedo, la cola entre las patas y la mirada triste quedaran atrás.  Y ahora Ámbar mueve el rabito con la velocidad de una batidora, me llena de besos de perro y da pequeños saltitos para que la cargue y le diga que es mi bebé.

Ámbar merece un hogar donde la amen como se merece y donde la protejan y la cuiden como la reina que es. Y mientras trabajamos diligentemente para encontrarle casa a ella y al resto de los chicos que albergamos en el Sasfapr, yo me encargaré de seguirle cumpliendo la promesa del primer día: que estará segura, que tendrá comida y que siempre será inmensamente amada.

Si quieres ayudar a Ámbar y al resto de los perros y gatos que albergamos en el Sasfapr, puedes hacer una donación por ATH Móvil al 787-612-8587 o por Paypal a info@sasfapr.org. Síguenos también en Twitter (@SASFAPR), Facebook (@Sasfapr) e Instagram (santuario.sasfapr).